No os penséis que he estado de vacaciones en la playita hasta hoy.
Ya quisiera yo… en Cádiz estuve cuatro días entre lluvias y soles, pescaítos y vinitos, y fueron estupendos, y mas que estupendos, pero pasaron rápidamente como pasan todas las cosas buenas. Me sirvieron para mucho, para mucho más que mucho y también para coger fuerzas y no volverme loca los siguientes días que, hasta hoy, he estado “encerrada” en la biblioteca preparando los exámenes de trabajo social.
La cosa no ha ido mal, mis esfuerzos han dado su fruto, pero como cada año, me pregunto si merece la pena tanta dedicación… y como cada año me respondo que si, que merece.
La vida de estudianta de la UNED es muy dura. Mira que derecho es una carrera chunga, pero la soledad de la UNED, los libro – ladrillo que tenemos que entrucharnos, la biblioteca menos adecuada de la historia, el apiñamiento general de las aulas de los exámenes, los exámenes tan duros que ponen, el calorón que se pasa, los nervios, en fin, todo eso es lo peor.
Menos mal que hemos hecho una cuchipandi maja, que nos escuchamos y alentamos lxs unxs a lxs otrxs y eso es genial
Quiero dedicar esta entrada de mi vuelta a la cotidianidad a ellas y ellos, que para mi, son dignos de admiración por su esfuerzo, su buen humor y las historias que cuentan en los exámenes, que eso si, no pierden la esperanza de que caiga la breva y les aprueben.
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