
Os dejo este párrafo que he leído en esta novela que me está conmoviendo.
Se supone que las mujeres hemos de ser serenas por lo general, pero nosotras tenemos sentimientos y necesitamos espacio para nuestros esfuerzos tanto como ellos. Sufrimos restricciones demasiado severas y un estancamiento demasiado total, exactamente igual que los hombres. Demuestra estrechez de miras por parte de nuestros más afortunados congéneres el decir que deberíamos limitarnos a preparar postres y tejer medias, tocar el piano y bordar bolsos. Es imprudente condenarnos, o reírse de nosotras, si pretenden elevarse por encima de lo que dictan las costumbres para su sexo.
Aún no la he terminado, pero siendo consciente de que estoy leyendo una novela romántica, inglesa y además escrita en la época victoriana... me está acompañando estupendamente en estos momentos vitales tan difíciles.
Me maravilla la constancia de esta mujer, la fuerza con la que siente y padece, incluso la fuerza con la que se niega a sentir y padecer. La autora consigue con sus descripciones que sepas qué está pasando por el interior de la protagonista en todo momento. Vives su vida con ella, te alegras cuando se alegra, lloras cuando llora. Tiene una fuerza que te atrapa, y eso es algo que hace que Charlotte Brontë sea considerada una estupenda novelista.
Su vida no fue fácil, pero lucha por ella y además lo hace con una fuerza feminista que a mi me emociona. Es sutil en sus manifestaciones, pero en sólo un párrafo sienta las bases de lo que no dejamos de recordar todavía hoy, en pleno siglo XXI: una cosa es el sexo y otra el género.
Para mi es significativo que tuviera que publicar bajo un seudónimo... el de un hombre. Es significativo y valiente, como ella, y como tantas y tantas...
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