Ya son las tres de la mañana y el silencio que habita en mi me destroza. Solía amar el silencio, solía quedarme callada esperando a que los demás hablaran. Solía encontrarme a gusto en el silencio.
Pero ahora me atrapa. Ahora se ha apoderado de mí y me hace despertar de repente. Pesadillas que no tienen sentido me retuercen por dentro y me despierto de golpe. Te busco con las manos, con los pies, y no estás.
Tu ausencia se une a mi silencio y ya no puedo hacer nada más que esperar a que llegue la hora de levantarme para ir a trabajar. Una vuelta, otra, otra. Enciendo un cigarro, fumo a oscuras, escuchando este silencio tan fuerte. Ni siquiera puedo pensar, ni recordar, sólo estoy. Una vuelta, otra. Pongo la radio, me mezo, escucho canciones que me acurrucan y me devuelven a la vida que se me escapa.
Amanece, son las siete, me levanto y preparo un café. Ese olor me hace reaccionar, pero se que sólo puedo esperar a que pase el día lo más rápido posible, iré a trabajar sabiendo que estoy atrapada en este silencio de mierda.
Salgo de la oficina, aún queda día, ahora viene lo peor, deambulo por las calles dejándome llevar, no quiero volver a casa, no soporto sentirme así.
Entro en el cine, amo los silencios de las películas. Siempre están bien escritos, a veces están bien dirigidos e interpretados. Algunos son magistrales. Es mi hobbie favorito, encontrar los mejores silencios de las pelis que voy a ver, aunque sé que hoy no voy a ser capaz de concentrarme. He entrado hoy al cine sólo por pasar una hora y media, con suerte dos, con la cabeza en otro sitio. Hoy el cine me da palabras, risas, canciones, gritos, ruidos, vidas de otras personas que me parecen que valen más que la mía propia. Hoy siento unos Silencios que me hacen vivir y me hacen morir.
Vuelvo a casa, llega la noche y me acurruco otra vez en mi silencio. Tu silencio, ese que has instalado en mi cama sin que yo me haya dado cuenta. Ese que no escucha tus risas, tus juramentos, tus interminables historias del trabajo en el restaurante. Es un silencio tan fuerte que se puede escuchar. Me da miedo, me pone triste, lloro, lloro despacito, las lágrimas caen de mis ojos con el mismo silencio que tengo en la cabeza. No estás y no sé dónde estás (y si lo sé, no lo quiero pensar). Tu silencio me ha dejado la cabeza hueca.
Sólo siento tu ausencia, tan fuerte que también la puedo oler. Ya no huele a humo, ya no pululan por la casa los olores a curri, a laurel y a las ricas comidas que preparabas en el restaurante. Ya no está a los pies de la cama tu uniforme de chef, ya no te lo puedo quitar, ya no puedo pensar en lo sexy que estabas con él.
La cocina es triste con mis comistrajos, el baño sólo tiene mi perfume, el salón apenas se sostiene sin las plantas que cuidabas, el dormitorio está en estado de shock, como yo.
Toda la casa está silente e inolora.
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