Leo a Marian L.F. Cao: “Las imágenes deben ser sometidas a un proceso decodificador. Determinados aspectos icónicos o formales de la imagen están ligados a características de género (horizontal=feminidad; vertical=masculinidad).
Se asocia lo masculino a lo universal y lo femenino a lo particular. Estudiar las características simbólicas otorgadas al uso del color, de las formas (orgánicas, geométricas...) de la composición en relación con su variable género, es requisito indispensable para su comprensión”.
Y no puedo por menos que sonreír. Y me pongo manos a la obra. Ahora voy por ahí analizando todos los carteles publicitarios. Sólo veo la tele para aburrirme menos observando la manera en la que tratan los sexos en publicidad, en programas “culturales”, en programas “basura”, en fin, en la basura diaria. Y me lo paso mucho mejor.
El vieres en cuatro vimos el programa “reporteros”. Un filón. Cámara en mano, el reportero nos enseña cómo viven las personas de un barrio marginado de un pueblo de Cádiz. Hablaban de drogas, de pobreza, de suciedad, de barrer o no las calles, de cómo conseguir tabaco de contrabando... pero yo vi más allá.
Yo veía a hombres en el espacio público pasando el rato a sus anchas (jugando, bebiendo, apostando, drogándose...) y a las mujeres buscándose la vida para llevar dinero a casa y sobre todo en el ámbito privado: en las puertas de sus casas, o cocinando (orgullosas enseñaban el puchero que había para ese día), cargadas de niños en las caderas, mechas rubias del año pasado, ojeras, bata cruzada cual abrigo de visón.
¿Dónde está aquí la igualdad? ¿Quién se atreve a decirles a estas señoras que tienen los mismos derechos que sus hombres, qué son iguales que ellos, y que podrían dejar de atender la casa e irse a apostar a ver cual es el gallo que mata antes al rival?
Es inconcebible. Porque nadie les ha dado nunca la oportunidad de verse en otro lugar. De ser conscientes que pueden decidir su destino. Nadie les ha contado que existen otras mujeres, a tan solo unos metros o kilómetros de su barriada que no consienten que sus hombres las manden. Mucho menos que les peguen.
Si ni siquiera son conscientes de esto, ¿cómo vamos a querer que dejen de hacerlo? ¿Y... realmente querrían?
Me cuesta aceptar que existan estas discriminaciones y mucho más que sean elecciones conscientes y aceptadas.
Yo no voy a decirle a nadie lo que tiene que hacer (eso espero), pero lo que deseo es que les llegue el mensaje de que se puede elegir. ¿Pero realmente, si naces en ese contexto, puedes elegir? Amigas sociólogas, filósofas, psicólogas, me pierdo... cuando llego a este momento me surgen miles de dudas, me pierdo.
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